lunes, 19 de diciembre de 2011

19 dic 2011

Hoy, es uno de esos días. Esos, impronunciables. Hoy no es ayer, nunca lo será. Hay una suspensión en el ambiente, huele y sabe el dolor. Es un uno antigüísimo, y me duele como recién nacido. Un dolor de partir, para no regresar jamás. Partir es irse en dos, es nunca volver a uno mismo.


Todos los discursos son amorosos. 

Y me dueles. Me dueles como el abrazo de una ola en la ceniza. Me dueles como el ahogo de este grito que te nombra en mi llanto. Y el mar se me desgarra. Mis lágrimas tienen nombre, tú tienes mi voz. Te he implorado en la marea. Todo me ha sido concebido, pero erré en la invocaión, precisamente formulada.


Hoy, morir, sin parís, sin aguacero, y por favor, mucho menos con Vallejo.

Hoy recordar, que sólo dos cosas quiero.


"Morir y que nadie me recuerde, si no por aquello que olvidé".

La abuela de mi mejor amiga, agoniza, media muerte cerebral, amando la vida.

Y heme aquí con absolutamente todo que se hace nada.

Tu ausencia me duele más que todo lo que amo, porque más que todo lo que amo, tú eres lo que soy.

Hoy deseé partir, solo partir, donde Pizarnik, de cuerpo y alma partir.

Ya no puedo, con este llanto que se ahoga en mi garganta, con estas lágrimas mediocres que no saben ya llorar, porque aquella niña reprimía todo el llanto. Aquella niña que me vive.

Estoy en casa y me es, más ajena que mi habitación de alquiler, tan poco mía. Lloro y se me desgarra el mar, estoy tan sola, en esta cama, en este cuarto, en esta casa, en esta familia, en este mundo entero.

¿Dònde estás? ¿¡por qué me llevaste contigo?! que no me encuentro más...

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